Adicciones

El placer es poderoso. Si haces algo que te parece placentero, tu cerebro se conecta de manera que vuelves a hacerlo de nuevo. Una forma en la que actúan las drogas adictivas es conectándose con las vías cerebrales del placer. El efecto es una oleada de sensación placentera haciendo que quien las consume vuelva a tomarlas una y otra y otra vez. En respuesta, el cerebro cambia de tal manera que ya no funciona eficazmente sin ellas. Este es el proceso llamado adicción.

Una importante vía del placer en el cerebro involucra el neurotransmisor dopamina. Las neuronas que contienen dopamina envían señales de placer a través de las vías neurales en el cerebro. Las drogas adictivas como la cocaína, la heroína y la nicotina, elevan los niveles de dopamina, lo cual causa un rápido estado de intoxicación placentero (conocido en inglés como “high”).

Pero el cerebro se adapta a estos cambios y después de un rato, el individuo ya no puede sentir placer sin las drogas.

Lo peor es que en algún momento, después del consumo, los adictos se topan con que son más y más débiles física y emocionalmente para enfrentar la realidad.

Miles de mujeres están sumergidas en la trampa del abuso de drogas y alcohol y esto afecta, de manera directa, a las personas que están alrededor de ellas.